Los Llanos son una cosa y El Tuparro, otra. Tiene este que ver con la inmensidad, sí, pero aquí se hacinan 548.000 hectáreas de sabana natural, bosques de galería, morichales infinitos, afloramientos graníticos colosales y la visión única del inmenso río Orinoco, custodio de la frontera oriental del parque.

Una tierra que no es inhóspita ni árida, pero sí salvaje y agreste; no es tacaña y no posa de exhibicionista en sus ornamentos naturales, excepto en el raudal de Maipures, epicentro paisajístico del parque.

Venados y zorros, serpientes y aves que recorren las planicies o huyen de las quemas furtivas aún son fáciles de ver.

Para llegar desde el centro del país hasta aquí se atraviesan enormes praderas del Meta y del Vichada y se ven llaneros de pies desnudos al estribo, morichales que se exhiben en las sabanas inundadas, largos caminos de tierra roja y caños de aguas cristalinas desbordados de su curso.

El Parque Nacional El Tuparro, en el departamento del Vichada, tiene por frontera sur al río Tuparro y a caño Tiro; al norte, el río Tomo; al occidente, caño Hormiga y al oriente, el río Orinoco, junto a la frontera con Venezuela.

Con su más de medio millón de hectáreas fue hace dos siglos el refugio de indígenas de las etnias guipuñave y pareni, hoy lo es de guahibos y cuibas.

También alberga algarrobos y chaparros, esos arbustos que resisten el fuego casi sin inmutarse; así como alcornoques, palma seje, palo murciélago, dormilón y reventillo, entre muchos otros.

Sirve aún de refugio a algunos de los animales amenazados de la Orinoquia, como la nutria, el perro de agua, el caimán llanero, el armadillo gigante y la danta.

fuente:http://www.eltiempo.com/